









Cuando entré en la muestra Espejo del alma, la luz era justa y hermosa, como si alguien hubiese pensado la exposición para blanco y negro: sombras suaves, perfiles recortados y silencio. Perfecto para un paseo lento, buscando el mejor ángulo para retratar los rostros extáticos tallados por Ramón Álvarez.
La exposición reúne una treintena de piezas de Ramón Álvarez Prieto (Coreses, 1825), imaginero zamorano de la segunda mitad del siglo XIX. Está montada en la Sala de Exposiciones del Palacio de la Encarnación de Zamora y conmemora el bicentenario del escultor.
No había visto a Álvarez en sala, tan de cerca. Trabajó con materiales humildes y, aun así, sus imágenes conservan una dignidad serena; una elegancia quieta que invita a la observación meditativa.
El enfoque de la exposición se centra en los rostros: ternura, humildad, desesperación contenida, alegría discreta. Ahí está el juego del título: miras y te devuelven la mirada. Imágenes que impregnan con sus gestos vivos.
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