Esperando a alguien en Matadero Madrid, entro por azar en una sala donde se expone CYGNUS X-1, de Björn Dahlem.
La instalación, una especie de explosión congelada en el aire, con tubos, maderas y objetos suspendidos, podría, fuera de este contexto industrial tan fotogénico, decorar cualquier rotonda de extrarradio.
Caminando por la sala, una mujer repite, escudriñando la obra, que es basura, que cada pieza que Björn Dahlem ha utilizado ha sido recogida de la basura. Entonces, un hombre, algo irritado, la corrige con solemnidad: no es basura, son objetos cotidianos.
Una cornamenta de ciervo, un casco de albañil, una caja de frutería, una silla, un zapato…
Miro a la mujer. Asiento, casi riéndome. Ella me devuelve una sonrisa cómplice: y dice: es basura, toda la basura que hay en el mundo.

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