Preparando este artículo he leído la palabra “pionero” unas viente veces. Pionero en el uso de LEDs, en transformar la tecnología en arte, en experimentar con la luz. Y es cierto: Jim Campbell (Chicago, 1956) es ingeniero electrónico, matemático y artista visual. Su obra une cálculos, percepción y emoción, convirtiendo lo tecnológico en un lenguaje poético.

El arte y la tecnología siempre han cruzado caminos, los artistas necesitan herramientas con las que construir sus obras. Pinceles o pixels. En el caso de Campbell, la tecnología queda en un invisible segundo plano al servicio de obras emocionales que dialogan con cualquier público.
Una constante en la obra de Campbell es la reflexión sobre cómo recibimos e interpretamos lo que vemos: “Si uno trata de observar algo, influirá en ello. Cuanta más información trata uno de obtener de algo, menos entiende”. La mayoría de las obras de Campbell son sugerencias, percepciones borrosas, una especie de impresionismo de las nuevas tecnologías.

Home Movies 1040-1
En esta instalación, una proyección infinita en tiras de LEDs muestra películas caseras que Campbell compró por Ebay. Las imágenes son borrosas y reconocibles al mismo tiempo, como esas cintas familiares guardadas en cajas que ya no puedes ver. Es lo más parecido a contemplar recuerdos. A observar la memoria.
Exploded view
Un cubo tridimensional formado por más de mil pequeñas bombillas. Sus parpadeos intermitentes muestran personas andando, que solo se perciben desde una determinada perspectiva. Acercarse es como meter la cabeza en una galaxia. Una obra de enorme complejidad técnica, pero lúdica y disfrutable.

A Fire, a Freeway and a Walk
Detrás de la pantalla hay una película con imágenes de un fuego, de una autopista y de un paseo por el parque. Solo vemos sombras y colores, pero sentimos una hoguera, el campo y el aire. Probablemente, una de las obras más sutiles y evocadoras de Campbell.
Titled plane
Un cuarto muy oscuro, una sucesión de bombillas cuya altura desciende hasta que parece que la perspectiva se ha vuelto loca y el cielo se junta con el suelo muy cerca de ti. Las bombillas se encienden y apagan evocando el vuelo de las palomas. Puede observarse desde fuera, pero también puedes entrar y dejarte envolver por la sensación de ansiedad y arrebato. Campbell explica que, a diez metros de la obra, comprendes que son pájaros volando, pero que dentro se trata de sentirlos a tu alrededor.
Last day in the beginning of March

Aquí Campbell combina sonido, luz y textos para recrear el último día en la vida de su hermano. En una gran sala, 26 luces se proyectan aleatoriamente en el suelo como fogonazos de memoria, mientras la lluvia es constante. Una experiencia intensa y nada complaciente. El propio Campbell cuenta que la mitad de su arte nace de una imagen y la otra mitad, de la tecnología. Que le fascina experimentar con herramientas nuevas, pero que en este caso lo que quería era trabajar sobre una experiencia dolorosa: el suicidio de su hermano. Y tuvo la tecnología a su disposición para poder hacerlo.

El crítico José Manuel Costa resumió con acierto la fuerza de la obra de Campbell:
La obra de Jim Campbell, compleja en técnica y concepto, es arte para todos los públicos. Solo su investigación sobre la percepción ya genera múltiples reflexiones, pero si añadimos el uso apropiacionista de lo universalmente compartido (la Red), lo tecnológico trasciende la paradoja ingeniosa y se convierte en un territorio emocional y social
Campbell demuestra que es posible llegar a todos sin perder complejidad ni contenido. Sus obras hablan por sí mismas, sin necesidad de explicaciones extensas: puedes profundizar en ellas cuanto quieras, o simplemente disfrutarlas en la superficie.

Si quieres saber más, lee esta entrevista a Jim Campbell en The Brooklyn Rail.

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