Hasta una semana antes ni sabía que existía. Me mencionaron el Centro del Lobo Ibérico de Castilla y León, reservé la visita y fuimos hasta Robledo de Sanabria, pura montaña, recorriendo una carretera estrecha y áspera. Al llegar, un edificio precioso de madera y piedra, perfectamente integrado en el paisaje. Nos dijeron que la instalación tiene unos diez años, y además de notarse nueva se percibe el cariño y el gusto con el que está proyectada.

Qué es el Centro del Lobo Ibérico
No es un zoo, afortunadamente, y tampoco un “centro de recuperación” al uso. Es un centro de observación del lobo ibérico en semilibertad en el que se realiza, en mi opinión, una espléndida labor de divulgación. Los animales disfrutan de varias hectáreas de monte sanabrés, con zonas separadas, porque no todos se llevan bien. El equipo, compuesto por biólogos, ambientalistas y veterinarios cuida de los lobos, gestionan la convivencia y planifican la reproducción para evitar problemas de consanguinidad, incluso contactando con otros centros cuando toca buscar lobos con sangre distinta para enriquecer el linaje.
La visita
Previa reserva en la página web del centro, nos recibió Esther Marqués, nuestra guía. Primero, una introducción en el propio centro: materiales didácticos, una piel de lobo y un vídeo del nacimiento de unas crías que luego, ya adultas, conoceríamos. Se agradece empezar con contexto y con una historia concreta.

Por fortuna, el trabajo que realizan en el centro se intuye vocacional. Se percibe la intención de divulgación y el amor por el lobo durante toda la visita. Nos contaron que sus perfiles van desde ambientalistas hasta biólogos, pasando por gente con formación veterinaria. Además de Esther, fue Carlos Sainz, biólogo que trabajó en su día con Félix Rodríguez de la Fuente, el encargado de presentarnos a los animales, a los que pudimos ver de forma muy respetuosa, gracias a las instrucciones del equipo y a las instalaciones preparadas para perturbar lo mínimo posible a los lobos ibéricos.

Caminar, esperar y de pronto…
El recorrido recuerda un poco (salvando distancias) a un mini Parque Jurásico: pasarelas, matorral, mirada atenta. Caminas mirando entre jaras y robles, sin ver nada… hasta que ves moverse la sombra gris. En nuestro caso, los tuvimos a unos 30 metros. Tuve la suerte de llevar la cámara de fotos y pude hacer las fotos que acompañan el texto. Ver la mirada del lobo a tan corta distancia es un auténtico privilegio.
Lo único que eché en falta fue una ronda de preguntas más larga al final, pero entiendo perfectamente que se acotase a unos minutos, ya que podríamos estar tirando del hilo durante horas. En cualquier caso, la explicación de Carlos fue clara y cercana: lo que hacen, por qué lo hacen, algunos mitos y la actualidad del lobo en España y en Europa

Mitos que se caen
Una parte importante de la visita fue desmitificar:
- Agresividad: según explicó Carlos, y contra la ancestral creencia popular, el lobo rehúye a las personas. Mencionó que el último caso mortal atribuido a lobos en España se data a mediados del siglo pasado, y que incluso ese registro es discutible.
- Perros vs. lobos: lo que sí vemos con frecuencia son ataques de perros (asilvestrados, de guarda de ganado o de razas peligrosas). La conclusión del biólogo fue clara: en la convivencia cotidiana, un perro mal gestionado es muchísimo más peligroso para las personas que un lobo. Esta idea me resonó mucho.
- Conservación: también nos recordaron que España es el país europeos con más lobos, mientras que en algunos países del norte fueron prácticamente exterminados. Un dato muy llamativo, más si tenemos en cuenta que muchas veces nos tenemos por un país poco civilizado en el contexto europeo.

Una experiencia respetuosa con el silencio como norma
Sentí en la visita cómo cuidan la experiencia y, sobre todo, a los animales. Desde la entrada insistieron en el silencio, en llevar el móvil apagado y en evitar golpes o gritos. Éramos unas 30 personas y no sonó un solo teléfono. Los niños estuvieron fantásticos, y la sensación general fue de respeto. Parece un detalle anecdótico, pero hizo que la visita fuese algo especial.
El equipo, el tono y lo que me llevé
Si me quedo con algo, es con la manera de contar. Esther y Carlos transmiten alegría por el oficio y respeto por el animal. Saben señalar detalles que a uno se le escapan: huellas, olores, jerarquías, tensiones del grupo. Sales de allí con la cabeza ordenada: menos mito y una mirada nueva del lobo ibérico.


Deja una respuesta